Reencuentro
Reencuentro. De los muchos autos aparcados en la calle comencé a buscar un auto rápido, pero que no llamara tanto la atención.
Un hermoso audi a4 de color negro metálico que estaba estacionado delante de un enorme edificio, me llamo la atención.
Me acerque a él aparentando que era mío. Forceje la puerta, rebusque en mi bolso haciendo que buscaba las llaves y finalmente mire por la ventanilla a ver si quedaron allí.
Me agarre la cabeza y seguí buscando, pero nada.
Finalizada mi actuación me saco un invisible que me sujetaba un mechón del pelo y lo meto dentro de la cerradura.
Comencé a forcejear, era muy sencillo abrir un auto.
- ¿Necesita usted ayuda?- Una voz grave llamaba detrás mío.
- No, de hecho casi abro el auto, soy de perder las llaves, soy muy torpe.- Sin darme vuelta continué destrabando él auto.
- ¿No cree que sería mas fácil con mi ayuda?- Seguía insistiendo.
- No, gracias, puedo sola.
- Por favor, deje que la ayude.
A estas alturas ya se me habían puesto los pelos de punta y di media vuelta dispuesta a gritarle, pero al hacerlo un joven alto, con el pelo arreglado prolijamente de color del maíz, que se me hacia muy familiar por sus ojos color celeste blanco, me tendía una llave.
El sonido de un auto al desactivar la alarma se hoyo, pero rápidamente se activo de nuevo. Me quede inmóvil sin saber que hacer.
- Ya llamé a la policía, esta por llegar.
- Le pido por favor que me lo preste, se lo devolveré hoy en la tarde, la pagare si así lo desea.
- Nada de eso, hoy en día no se puede confiar en nadie.
- Es urgente, lo necesito.
La sirena de una patrulla muy familiar se oía acercarse.
Cuando los oficiales llegaron pude distinguir que era la patrulla de Charly.
- ¿Qué sucede aquí?
- Intento de robo, oficial.- Contesto el irreconocible muchacho, intentando molestarme.
- Que lastima que ha esta edad ya se metan en estos problemas.
Se acercaron a mí para ponerme las esposas.
- Oficial, ¿acaso su patrulla ha llegado de Forks?
- ¿Ya la conoces? Debí imaginármelo. – El joven se burlo de mí.
- Pues, ahora que lo mencionas, así es. Nos llegó hace un par de semanas atrás, el dueño fue asesinado por unos ladrones. Nosotros necesitábamos una patrulla y el gobierno nos la envío. ¿Cómo has podido reconocerla?
- Era de Charly Swan, el era mi… abuelo.
- Mmm…-me miro de pies a cabeza y luego finalmente agrego- De todas formas debes acompañarnos a la estación, tener a algún familiar de oficial no quiere decir nada. Andando.
Yo estaba esperando a que él continuara con sus bromas pesadas de mi delincuencia, pero no fue así, se quedo inmóvil, intentando recordar algo.
- ¿Acaso eres Renesmeé, Renesmeé Cullen?- El joven se quedo estupefacto.
- Lo soy.- Le conteste lo más fría que pude.
- ¿Te acuerdas de mí? Soy Ignacio Newton.
- Si.- Mis contestaciones seguían siendo frías, aunque deseaba saber de donde me conocía.
El policía me dio vuelta y me puso contra la patrulla para poder ponerme las esposas sin que intentara huir.
- Espere un minuto oficial. ¿Nessie no te acuerdas quien soy? Éramos compañeros en la academia.
Mi esfuerzo por recordarlo era inútil, había tenido más de doscientos compañeros, y de ninguno me acordaba.
Noto mi esfuerzo e intento nuevamente de aclarar mi mente.
- Soy el hijo de Mike Newton y Jessica Stanley.
Termine por reconocerlo e intente aparentar emocionada, con tal de que no deban llamar a mis padres.
- ¡Claro que me acuerdo de ti! ¡Tanto tiempo ha pasado!
- Nunca creí que te encontraría nuevamente robando mi auto.- Nos reímos a unisonó.- Cosas del destino deben ser.
- Supongo que sí.
El oficial nos separo y me metió dentro de la patrulla, mientras que Ignacio se subió a su auto y nos comenzó a seguir.
Dentro de la patrulla, me sentía bien, olía el tapizado de cuero de los asientos y el ruido del motor que hacía un estruendo increíblemente fuerte.
Cuando llegamos entre a la comisaria esperaba a que me interrogue y llamen a mis papás, pero estuve allí por unos minutos sin que haya movimiento alguno.
Comencé a inspeccionar el lugar para distraerme, leyendo consecutivamente los carteles que estaban pegados en la cartelera y mirando por las ventanas sucias como circulaban los autos por una calle estrecha.
De la mano del frente había una pastelería que hacía que llegue a mí, el olor a pan recién horneado, pero no me interesaba.
Solo observaba las miradas que me lanzaba la vendedora, al ver que me había arrestado y estaba tan cerca de ella. Le sonreí, pero al hacerlo me ignoro y atendió a un cliente que acababa de entrar, yo no le di importancia y seguí recorriendo con la mirada cada detalle.
Un cartel en la pared trasera de la estación nombraba a las personas que se buscaban y comencé a leerlos.
Mi vista alcanzaba sin absoluto esfuerzo a ver los carteles, que alguien común solo leería el “SE BUSCA” en una letra ínfimamente pequeña y borrosa.
Me detuve en un cartel que hizo que mi corazón dejara de latir por unos instantes. Intentaba calmarme pero no lo lograba.
Un cartel en letras gigantes decía que me buscaban a mí.
Si algún oficial se daba cuenta del cartel llamarían a la estación de Forks y luego con tan solo rastrearme por mi olor podrían encontrarme Jacob o mis padres.
- Oficial, debo ir al baño. ¿Puede decirme donde queda?
- No parte todavía puedes ir a ninguna hasta que no declaren el robo.
- Pero debo ir al baño, escapar no podre, confíe.- Intente seducirlo, y funcionó.
- Sígueme, te llevare hasta allí.
- Gracias.- Atravesamos toda la comisaria y entramos por unos pasillos hasta que por fin llegamos a una puerta vieja y chica. - ¿Puede irse?, me molestaría si se quedara aquí.
- Eso no lo puedo permitir, la esperare detrás de la puerta.
Resople y asentí, mientras me metía dentro.
El lugar era muy chico que apenas podía entrar, además tenía el inodoro sucio al igual que todo lo que me rodeaba.
Espere unos segundos, hasta que tire de la cadena y el agua corrió. Abrí la canilla, me lave las manos y salí fuera.
- Listo, he terminado.- La frustración de que mi plan no haya funcionado era inmensa, al parecer ese día no estaba la suerte de mi lado.
Debía inventar otra escusa para sacar ese cartel tan traicionero.
- Ho, creo que conozco a uno de ellos, ¿Puedo acercarme a ver los carteles?
- Esta bien… nos ayudarías si conoces a alguien.
Me acerque y comencé a fingir que observaba detenidamente la imagen de el cartel que tenía al lado.
Entro gente a la comisaria y el oficial los atendió, entonces rápidamente saque mi cartel y me lo guarde en el bolsillo.
Cuando se fueron las personas que habían extraviado un bolso me miro interesado.
- ¿Era esa persona que creías?
- Mmmm… No definitivamente no.- Mentí descaradamente.
- Lastima.
De una habitación Ignacio salió alegre.
- Ven vámonos.- me dijo al salir con una sonrisa enorme.
- Debo de quedarme aquí.
- Nada de eso, ya lo he arreglado todo.
- ¿Cómo lo haz hecho?
- Fue una confusión.
- ¡Genial!
El oficial nos miro con mala cara, pero nosotros no le dimos importancia y salimos de allí.
- De veras te lo agradezco, pero debo irme.- debía conseguirme otro auto lo más rápido posible.
- Te hago una oferta, si tú vienes a tomar un café con migo, yo te llevo a donde debes ir. ¿Trato?
Vacile por unos momentos pero finalmente, al reconsiderar esa oferta accedí.
- De acuerdo. ¿A dónde iremos?
- Ya veras.
Caminamos algunas cuadras mientras me comentaba que estaba estudiando ingeniería, en Tacoma y que había ido a hacer unos papeles por allí.
- ¿Hoy debes volver a Tacoma?- Le pregunte, viendo que no debía de hacer un viaje tan largo, de mas.
- Si. ¿Por qué preguntas?
- Debo ir a allí para hacer unos papeles.
- ¡Que bueno!
- Así es.
Cuando llegamos a una esquina, había una cafetería con colores cálidos que me hacían olvidar del frio y acordarme de Jacob.
Entramos al lugar, con adentro colores pasteles, para aclarar el lugar, ya que tenía unas pocas ventanas y en las paredes tenía colgadas patentes de motocicletas, posters de funciones de teatro, entre otras cosas viejas.
Nos sentamos en una mesa, con una ventana que tenía vista a su auto.
Los pocos valientes que habían en las mesas de afuera, para aprovechar el poco sol que había, entraban cuando las servilletas se volaban y sus pelos molestaban en sus caras.
- Ahora cuéntame ¿Qué ha sido de tu vida?
- No mucho, sigo viviendo en Forks, no tengo una orientación que me atraiga para estudiar, todavía.
- Que raro, creía que ya estarías por terminar tu carrera.
- Pues no. Hubo un minuto de silencio incomodo en el cual ninguno de los dos sabía de que hablar.
- ¿Qué vas a pedir?- me pregunto finalmente cuando vio que la camarera se acercaba a nosotros.
No sabía que pedir, nada me agradaba. Finalmente me decidí por algo que no me provocara nauseas.
- Solo un vaso chico con agua, no tengo apetito alguno.
- Buenos días, ¿Que desean pedir?- la camarera que nos había tocado no parecía muy contenta de atendernos.
- Una lagrima mediana y un vaso chico con agua.
Me guiñó el ojo y luego de que la chica tomara nota y se fuera siguió con la conversación.
- ¿No te haz… casado, ni tenido niños? – parecía avergonzado de preguntarlo.
- Con Jacob no nos gustan los compromisos, preferimos estar sin… responsabilidades todavía.
Parecía que la noticia lo había bombardeado, y hasta analizarlo un par de veces contesto.
- ¿Jacob Black? ¿No estabas con el hace años atrás? ¿No es más grande que tú? ¿Cuánto años tiene? ¿treinta, cuarenta?
- Si, es Jacob Black. Solo es un par de años más grande.- con eso estaba colmando mi paciencia, ya recordaba lo molesto que era con sus preguntas respecto a Jacob. - ¿Un par de? El año de la promoción el tenia ya más de 20. No entiendo como tus padres aceptaron esta relación.
- ¿Importa? - Haz lo que quieras, cásate con un anciano.
- Más que yo con tigo – susurre tan despacio que no pudo escucharme. Le molesto que haya hablado de Jacob, y su cara había cambiado a una de mal humor, por lo que intente que su humor cambiara y así que se alegre de llevarme hasta Tacoma.
- ¿Tú, estas casado, de novia… con hijos?- le pregunte animándolo.
- No, prefiero estar sin responsabilidades.
La camarera se acerco a nosotros y nos dio el pedido rápidamente y se fue de nuevo a charlar con sus compañeras de trabajo.
Comencé a tomar de a sorbos el agua, aparentando que me gustaba, aunque tenía que tragarme sorbos grandes y continuos, para no beber mas.
- Nessie, no me gusta pelearme con vos, lo sabes desde la infancia.
- término contestando, y acabando con esta discusión inútil.
- Lo se, a mi tampoco.- termine diciéndome más para mi misma que para él.
- ¿A que debes ir hoy a Tacoma? – Su pregunta me agarro desprevenida.
- Voy a declarar lo de Charly, tramite largo.
- Pero hoy parecía muy urgente lo que debías de hacer.
- Se vence dentro de un par de horas el plazo de tiempo para la herencia.
- Entonces es mejor que vayamos yendo, nos aguarda un largo viaje.
Me sonrió de oreja a oreja, mientras levantaba la mano para que la camarera nos cobre.
Luego de pagar nos levantamos de las sillas, recogí mi bolso y nos fuimos hacia el auto.
En el viaje comenzó a interrogarme sobre, por que pensaba que llegaría a estudiar y como había muerto Charly, y mientras tanto yo iba mintiendo consecutivamente. Cuando final mente llegamos a la gran ciudad saque el papel que había impreso y me fijé la dirección.
Ignacio conocía la ciudad muy bien, por lo que encontrar la dirección no fue muy difícil.
Al estacionarnos delante de la casa, suspire suavemente y me despedí de él. Antes de que habrá la puerta él me agarro del brazo y me detuvo.
- Renesmeé…- comenzó por decir.
- Nessie.- le corregí rápidamente.
- Lo siento. Nessie, hoy me di cuenta de lo tanto que… -vacilo, no le salían las palabras.
- Prosigue.
- Esta bien. Hoy me di cuenta de lo tanto que te amaba. Lo había olvidado lo hermosa que eras.
- Igna, no estoy pasando por un buen momento, lo siento.
- Te entiendo, además no se en que pensaba, tu estas enamorada de Jacob.
Vi como su mano se acercaba a la mía y al notarlo la guarde en mis bolsillos rápidamente.
- Debo irme. No llames a la policía la próxima vez que alguien te roba el auto.- intente en reanimarlo.
- ¿Ni el corazón?- Lo mire mal y luego respondió.- No lo hare.
- Cuídate.
- Tú también.- finalizo contestando con una voz débil.
Me sentía tan culpable por como había actuado en estos últimos días por lo que decidí alegrarlo. Me acerque a el y le di un beso en la boca, y luego de esto me baje rápidamente del auto.
Cerré la puerta detrás de mí y me acerque a la casa.
La bocina de un auto sonó y cuando me volteé vi como se alejaba con una gran sonrisa en la cara.