Aurora, la vida de Renesmeé recien comienza.

Aurora, la vida de Renesmeé recien comienza.

"Aurora, la vida de Renesmeé recien comienza" es la novela que estoy haciendo sobre Nessie, la hija de Bella y Edward Cullen. Espero que les guste y ¡Bienvenidos!

Aurora

Una joven semi-vampiro Renesmeé, la hija de Isabella Cullen y Edward Cullen en "Amanecer" cree que todo es perfecto para ella, tiene a Jacob, la persona que más ama en el mundo y una familia que siempre la apoya.

De a poco, va descubriendo que algo andaba mal, pero nadie se lo revelaba.

Al escuchar a sus padres y a su novio discutiendo se entera que su abuelo, Charly, fue asesinado por unos hombres lobos.

Ella escapa de su casa dejando todo átras, para así, vengar a su abuelo.

 

La novela sera dividida en tres partes:

Libro uno........... Renesmeé

Libro dos............ Jacob

Libro tres.............Renesmeé

 

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Eran enormes, incluso más que Jacob.

Definitivamente no eran lincotropos, ellos se transformaban con la luna.

¿Ellos habrían asesinado a Charlie? ¿Buscaban aun así que luche mi Jacob y toda su manda junto a ellos para vencer a los Vulturi?

Tenía miles de preguntas que no iba a dejar inconclusas.

A hurtadillas los seguí, a los asesinos y vengadores, hijos de la luna.


Fragmento de "Aurora"

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Primer Lugar ¡Gracias!

Primer Lugar ¡Gracias!

Gracias por todo ~ Segundo Lugar

Gracias por todo  ~ Segundo Lugar

Son lo mejor! Gracias ~ Segundo Lugar

Son lo mejor! Gracias ~ Segundo Lugar

Ayuda por favor !

Hola chicas :)

Les puedo pedir un favor? a todas aquellas personas que les gusten mi novela pueden votarme a esta chica en:

 

Mejor fantastica:

Mel-reinhold con Aurora, la vida de Renesmeé recien comienza. Mejor Drama:

-Mel-reinhold con Aurora, la vida de Renesmeé recien comienza.

Mejor Protagonista:

-Mel-reinhold con Aurora, la vida de Renesmeé recien comienza.

 

Gracias, cuando me necesiten para una votacion estoy!

Eligan Ustedes =)

Hola Chicas, no me puedo decidir entre dos portadas para Aurora.

¿Cuál prefieren?

 

Imagen Número 1

 

 

Imagen Númeor 2

 

Un beso las quiero!

 

 

Prefacio

Prometí cuidarla para siempre.

Malditos lobos, me hicieron romper mi promesa... Yo les voy a romper los huesos.

 

Frase.

 

 

Lágrimas en las mejillas de una mujer,

se convierten en tatuajes de dolor en el corazón de un hombre.

 

Anónimo.

Plagio...

Chicas, chicas, chicas... Ando con una bronca!

Las fotos de Kristen Stewart en Villa La Angostura (Bariloche) son mias y de una amiga y se llevan el credito las páginas web, sin siquiera pedir previa autorización. ¡plagio!

Las fotos son dos de ella firmando un autografo y otra saliendo afuera  cuando nevaba por unas escaleras.

Además, como decir que no son mias si las tengo en mi compu en tamaño original y la camara las tiene, tengo el autógrafo vino a mi pueblo... ¡Cuantas más evidencias quieren!

Quería descargarme, porque odio que se lleven el credito.

¡Todos le robaron la foto que me robo y ahora las fotos dice mycin.com.ar !

Lamento que les haga perder el tiempo, pero necesitaba desahogarme.

Un beso enorme las quiero.

Aca les dejo las fotos ;)

 

By: Camila Robiolo- Villa La Angostura, Agosto del 2010.

 

By: Camila Robiolo- Villa La Angostura, Agosto del 2010.

 

By: Melisa Reinhold- Villa La Angostura, Agosto 2010.

By: Melisa Reinhold- Villa La Angostura, Agosto 2010

 

Un beso!

Sorpresas

Sorpresas

 

Cuando salí de la casa el sol alumbraba con su último rayo de sol aquellas calles desiertas. Me senté en el porch de la casa y espere a que estuviera sumamente oscuro. Cuando al fin nada se veía y mi fiel sombra junto a mi estábamos seguras, salimos hacia el bosque. En la inmensa oscuridad estaba perdida, no sabia hacia donde dirigirme, por lo que intenté usar la lógica.

 

La luna comenzó a aparecer por detrás del horizonte y al recordar a los lobos mirándola hermosamente, me di cuenta que ellos no la contemplaban como su madre, sino como guía a seguir. Siempre la luna los tenía debajo, como si no pudieran salir de allí.

 

Mire a la luna nuevamente, la contemple con majestad y grandeza y comencé a ir a mi próximo destino. Al encuentro con esos asesinos.

 

En este momento ya había arriesgado todo, no valía la pena seguir ocultándome, era el momento de arriesgar todo o no dar nada.

 

Entre los árboles caminaba velozmente, esquivando a todo aquello que se me ponía por delante. Me sentía fuerte, intocable, esa noche mis fuerzas aumentaron al máximo.

 

Las más exquisitas venganzas se trazaban en mi mente, pero la desilusión de no saber como llevarlas a cabo me sentía indefensa, hasta que nuevamente el amor de mi abuelo me recuperaba, ideando nuevas técnicas. Cuando llegué a un claro, me detuve. Ya había llegado, pero no había nadie. Los árboles mecían sus hojas de un lado a otro cuando el viento las acariciaba suavemente, haciendo que se escuche la desolación. No había nadie, no se oía nada, era la soledad absoluta. Sentía que la locura me atacaría de repente.

 

Un gruñido detrás mío resonó y cuando me voltee, me di cuenta que pensando en lo que hacer, en como enfrentarlos, como encontrarlos… no los oí llegar.

 

Detrás de este salieron dos más y se le pusieron al lado, por lo que me di media vuelta para marcharme, pero ya era tarde. No había lugar a donde huir, estaba rodeada de ellos.

 

El más grande de todos gruño descaradamente y los demás me miraron con ojos despiadados y se me abalanzaron, destruyendo mi voluntad, haciéndome sentir débil y sin esperanzas.

 

 

Un beso chicas, aquí esta el final de la primer parte.

La segunda la contara Jacob como ve que Renesmeé se haya ido...

Un beso!

 

 

Amores que no se aman.

 

 

La casa era pequeña con las paredes despintadas de un color azul marino y los vidrios marraneases por la suciedad.

 

Dude de que alguien viviera allí, pero me decidí por intentarlo, no perdía nada.

 

Suspire fuertemente un par de veces, hasta que me dirigí a la puerta y con mis nudillos hice que rechinara la antigua entrada.

 

Espere unos minutos, pero al ver que no había nadie me di por vencida. Di media vuelta dispuesta a marcharme y antes de que me fuera, escucho como unos pasos a lo lejos se oían. Me acerque nuevamente y espere que alguien me reciba, hasta que al abrir una puerta de roble maltratada por el tiempo, una señora con el pelo teñido de blanco, la cara arrugada, con unas gafas negras y anchas y una silla de ruedas me recibió.

 

- Buenas tardes señora… ¿Usted es Margaret Gruyan?

 

- Creí que era mi esposo, iba a venir hace dos día, pero con ese vago de su amigo seguramente se quedo cazando. Si soy la persona que busca ¿Usted quien es?

 

- Soy Re… Renesmeé Cullen.- Tartamudeé. Me costaba concentrarme en parecer lo mayor indiferente y desapercibida posible.

 

- Pareces muy joven. Dime ¿Qué quieres?

 

- Vengo a darle una noticia… - Me agarre la cabeza y continúe.- ¿Me permite usted entrar?

 

Me avaluó de pies a cabeza hasta que asintió en signo de aprobación para sí misma.

 

- Entra. En la cocina hay algunos caramelos si lo deseas.- Intente en no hacer una mueca de repulsión, pero me fue imposible. Nunca se me habían hecho apetecibles las comidas humanas y menos lo dulce.- ¿No te gustan?

 

- Emm… no, mmm… no me gustan, las… golosinas. Mi abuelo es medico y me prohíbe comerlas ya que se me hacen caries.

 

- Pero no esta, además ya creo que eres grande para decidir por tú misma. Dale endulza tu garganta.- La única forma de endulzarla era con su sangre, pero intente de ignorar esa tentación.

 

- Quiero decir, el me crío así y la última vez que probé un dulce me parecieron muy repulsivos.

 

Negó con la cabeza y a continuación entro con su transporte y me hizo un gesto con la mano para que la siguiera.

 

Seguí detrás de ella con pasos ligeros y hábiles hasta llegar a una pequeña sala de estar donde había una mesa muy elegante con un mantel grande y costoso -seguramente traído desde Bolivia.- que cubría aquella refinada mesa y en el centro un gran jarrón con orquídeas de distintos colores.

 

Las paredes eran de un color crema con una línea horizontal marrón atravesándola y el suelo era de madera clara con una alfombra roja debajo de un sillón de cuero.

 

Todas mis perspectivas de una casa descuidada y llena de telas de araña, eran inciertas. De todas formas esa casa tan elegante y antigua no se asemejaba a la de Carlisle.

 

- Que hermosa casa.- Le comente para poder comenzar con una conversación.

 

- La herede de mis bisabuelos… Tenían una estancia cuando apenas tenían treinta, y al estar haciendo un pozo de agua descubrieron que allí había petróleo. Muchos empresarios viajaron y les compraron las tierras. La herencia fue traspasándose de generación en generación, hasta que me llegó a mí. De afuera nunca la hemos retocado, ahuyenta a las personas con intensiones de robarla, ¿Quién pensaría que si entraran ganarían fortuna?

 

Seguí observando todo con suma atención, viendo cuadros antiguos y fotos de viajes. Una de ellas era la de la torre Eiffel.

 

- ¿Ahora cuéntame, que es lo que debías de decirme?

 

Sentía que me ruborizaba de a poco hasta dejar mi rostro rojo, aunque sabia que no me vería de esa forma, no podría hacerlo.

 

No sabia por donde comenzar, ni como terminar, que decir, ni que declarar, solo se que estaba mareada. Todo comenzaba a girar y a distorsionarse. Tome aire tratando de tranquilizarme, hasta que lo logre.

 

- Bueno, no deseaba darle yo la mala noticia, pero no había nadie que pueda comunicarle… Que… - Cerré los ojos y dejé que las palabras salieran de mi boca sin pensarlas- Su esposo tuvo un accidente.

 

- ¿Ahora como anda? ¿Qué le sucedió?

 

Mi cabeza comenzó a pensar tan lentamente que pensé que había estado horas tratando de buscar una respuesta, pero al ver un reloj cucú que colgaba de la pared, vi que solo habían transcurrido un par de segundos.

 

- Tubo un accidente de transito y no sobrevivió.- se me quebró la voz al pronunciar cada una de aquellas palabras.

 

Su cara se volvió desesperada, pero enseguida la torno indiferente y cruel.

 

- Gracias por informarme. ¿Dónde ha ocurrido esto?

 

- Entrando en la autopista de Forks.

 

- Deberían de estar viniendo para acá.- Su indiferencia me mataba, complicaba mucho más las cosas al tener que andar respondiendo continuamente sus dudas.

 

- Seguramente.- Sus labios se fruncieron y clavo la mirada en un cuadro donde se veían las calles de Venecia atravesadas por puentes antiguos de ladrillos rojizos, recorridas por pequeñas canoas rojas también, transportando a sus pasajeros. A sus costados habían muchos edificios y flores, todos con las distintas tonalidades de amarillos, salmones y verdes y también en una pequeña cuadra había un faro que alumbraba inútilmente el hermoso día soleado. Todo era alegre, con los bares abiertos y las aguas reflejantes como un espejo.

 

- Sabes… Creo que su perdida me será lo mejor.- La mire desconcertada pero ella continuaba mirando el cuadro.- Yo se que el nunca a estado con migo por amor… Nos conocimos en Seattle en aquellas épocas antiguas.- Me miro como concentrada yo escuchaba su historia y prosiguió.- Yo he vivido toda mi vida aquí, en Tacoma, y en mis épocas de rebeldía deseaba salir, pero mis padres les daba pánico todo lo relacionado con el exterior, eran algo así como… paranoicos. Tenían miedo de todas aquellas noticias que salían, robos asesinatos. En fin… al tener dinero teníamos todo lo que deseábamos, jardines enormes para salir y tomar sol, pileta para poder nadar, aire fresco y nuestra ama de casa que limpiaba y cocinaba. Tenía todo aquello que cualquier adolescente desea, excepto la libertad que tanto quería. Las pocas amigas que tenía planearon un viaje a Seattle y al saber que no me dejarían ir tome una decisión tan irresponsable, equivocada y… magnifica. Esa noche luego de que mis padres verifiquen que dormía, espere a que se acostaran para escabullirme por la gran ventana del salón que daba al patio. Al forcejearla la alarma comenzó a sonar y mis padres se despertaron. Raídamente me metí dentro del baño que estaba en el pasillo opuesto y cuando escuche a mis padres salí desesperada fingiendo estar asustada yo también. Al ver todo el perímetro, lo tomaron como una falla técnica y volvieron a su cuarto, aun así con algo de miedo. Creí que no podría salir aquella noche pero justo cuando fui a tomar agua, rendida y agotada vi que la heladera sostenía un papel con juego de palabras.

 

Agarro una hoja y una birome y comenzó a escribir una frase con una letra sumamente prolija.

 

Queridos amigos: Gr4acias Por 3star 5iempre Con Migo, En Especial Cuando Más Los Necesitaba. Esta carta les demuestra mi aprecio hacia ustedes.


Cuenten por 100pre con migo.


Los quiere Sami.

 

 

- Me di cuenta que entre aquellas letras había números ocultos y que con ese tal Sami se había formado una amistad de hace años, cuando venía constantemente a verificar la alarma que nos había colocado. Memorice los números ocultos y los ingrese en la alarma. Para mi alegría eran correctos y así pude juntarme en la casa de una amiga, donde partiríamos hacia la gran ciudad. Nos cambiamos allí con vestidos cortos y atrevidos, para poder conquistar a los chicos. Nos divertimos mucho esa noche y al ver que ya estaba amaneciendo comenzamos nuestra partida. El auto de una de las chicas había quedado a unas cuadras de donde nos encontrábamos por lo comenzamos a dirigirnos allí. Con la alegría que tenía dentro no me había percatado de que me había olvidado mi bolso en una mesa de un bar. Un chico comenzó a gritar y a llamarme pero no lo oía. Una de mis amigas hizo un comentario de él por lo que me volteé a ver de quien hablaba. Me morí de vergüenza al verlo rojo y con la respiración descontrolada, por mi torpe atención. Me dio mi bolso y me dirigió una sonrisa de oreja a oreja. Sonreí tímidamente y le agradecí. Luego de esto intercambiamos números telefónicos ya que los dos nos gustábamos. Pasaron las semanas y cada sábado me escapaba de mi casa e iba a verlo. Un día vi que el no estaba solo donde nos íbamos a encontrar, estaba con Aní, una de las chicas que nos acompañaba en los viajes, pero nunca había tenido buena relación. Era alta, rubia y hermosa. Parecía que hasta los dioses la alababan por su belleza. Toda la noche me sentí un poco incomoda por su presencia, por lo que decidí irme antes de tiempo. Unas pocas cuadras recorrí hasta que me di cuenta que perdida en mis pensamientos y olvidadiza como siempre, me había olvidado mi celular en la mesa. Volví al lugar y cuando llegue por el vidrio del restaurant vi como él la besaba. Intente no parecer quebrada por dentro y entre allí para recoger mi celular. Se separaron rápidamente al ver mi presencia, pero había sido tarde, ya los había visto. Luego de dar unas sonrisas falsas y de saludar nuevamente me fui corriendo y llorando a mi casa. Al llegar mis padres estaban despiertos y esperándome para un gran sermón por haberme escapado todas estas noches, Sami había estado monitoreando que todos los fines de semana la alarma se desactivada. Cambiaron la clave de la alarma y no pude salir más, por lo que me venía bien sufrir sola y tener un pretexto para no salir. Seis meses después mis padres me dejaron salir, siempre y cuando les mantenga al tanto de donde estaba y no debía regresar luego de las tres de las mañana, todo esto fue porque me veían sumamente triste. Mis amigas me buscaban por mi casa y me llevaban obligada de compras o a bailar. Una de esas salidas me encontré de nuevo con Aní y Nicholas, ese chico tan apuesto y que me rompió mi corazón. Ellos habían terminado una relación que habían tenido durante mi tiempo de sentencia, pero terminaron cuando Aní lo remplazó por otro. Me dijo cuanto me amaba y que lo perdonara por el error más grande que había cometido y yo como enamorada vendada de los ojos, le creí. Siempre que estábamos cerca de ella me besaba apasionadamente y si ella no estaba parecíamos dos desconocidos. Con el tiempo abrí mis ojos y vi como intentaba ponerla celosa. Intente dejarlo pero no lo lograba, volvía de rodillas. Así pasaron los años y ella al igual que todas mis amigas formaron su propia familia. Él se sintió solo y no querido, por lo que recurrió desesperado a mí. Aunque sabia que sufriría no pude rechazarlo y así nos casamos. Se que nunca me amo, nunca lo demostró al menos. Ahora que se ha ido, el destino nos separo cruelmente, pero ya no sentiré ese vacio que he sentido toda mi vida.

 

Sus fracciones revelaron la angustia que sentía de verdad y una lagrima se escapo de ella.

 

- Creo yo que, lo que uno siente no se cambia, aunque se quiera.- Le dije.- No hay que confundir lo que se quiere por lo que se siente.- Asintió tristemente y bajo la cabeza.

 

- Gracias.- Contesto por fin.- Tienes razón. Y tú nunca cometas mi error. Nunca ames a alguien que te hará sufrir. Enamórate de su ser, que eso será lo mejor que harás.

 

Asentí un par de veces pensativa y le agradecí. Por último recogí mis cosas y la dejé hundida en sus penas.

Reencuentro.

Reencuentro

 

Reencuentro. De los muchos autos aparcados en la calle comencé a buscar un auto rápido, pero que no llamara tanto la atención.

Un hermoso audi a4 de color negro metálico que estaba estacionado delante de un enorme edificio, me llamo la atención.

Me acerque a él aparentando que era mío. Forceje la puerta, rebusque en mi bolso haciendo que buscaba las llaves y finalmente mire por la ventanilla a ver si quedaron allí.

Me agarre la cabeza y seguí buscando, pero nada.

Finalizada mi actuación me saco un invisible que me sujetaba un mechón del pelo y lo meto dentro de la cerradura.

Comencé a forcejear, era muy sencillo abrir un auto.

- ¿Necesita usted ayuda?- Una voz grave llamaba detrás mío.

- No, de hecho casi abro el auto, soy de perder las llaves, soy muy torpe.- Sin darme vuelta continué destrabando él auto.

- ¿No cree que sería mas fácil con mi ayuda?- Seguía insistiendo.

- No, gracias, puedo sola.

- Por favor, deje que la ayude.

A estas alturas ya se me habían puesto los pelos de punta y di media vuelta dispuesta a gritarle, pero al hacerlo un joven alto, con el pelo arreglado prolijamente de color del maíz, que se me hacia muy familiar por sus ojos color celeste blanco, me tendía una llave.

El sonido de un auto al desactivar la alarma se hoyo, pero rápidamente se activo de nuevo. Me quede inmóvil sin saber que hacer.

- Ya llamé a la policía, esta por llegar.

- Le pido por favor que me lo preste, se lo devolveré hoy en la tarde, la pagare si así lo desea.

- Nada de eso, hoy en día no se puede confiar en nadie.

- Es urgente, lo necesito.

La sirena de una patrulla muy familiar se oía acercarse.

Cuando los oficiales llegaron pude distinguir que era la patrulla de Charly.

- ¿Qué sucede aquí?

- Intento de robo, oficial.- Contesto el irreconocible muchacho, intentando molestarme.

- Que lastima que ha esta edad ya se metan en estos problemas.

Se acercaron a mí para ponerme las esposas.

- Oficial, ¿acaso su patrulla ha llegado de Forks?

- ¿Ya la conoces? Debí imaginármelo. – El joven se burlo de mí.

- Pues, ahora que lo mencionas, así es. Nos llegó hace un par de semanas atrás, el dueño fue asesinado por unos ladrones. Nosotros necesitábamos una patrulla y el gobierno nos la envío. ¿Cómo has podido reconocerla?

- Era de Charly Swan, el era mi… abuelo.

- Mmm…-me miro de pies a cabeza y luego finalmente agrego- De todas formas debes acompañarnos a la estación, tener a algún familiar de oficial no quiere decir nada. Andando.

Yo estaba esperando a que él continuara con sus bromas pesadas de mi delincuencia, pero no fue así, se quedo inmóvil, intentando recordar algo.

- ¿Acaso eres Renesmeé, Renesmeé Cullen?- El joven se quedo estupefacto.

- Lo soy.- Le conteste lo más fría que pude.

- ¿Te acuerdas de mí? Soy Ignacio Newton.

- Si.- Mis contestaciones seguían siendo frías, aunque deseaba saber de donde me conocía.

El policía me dio vuelta y me puso contra la patrulla para poder ponerme las esposas sin que intentara huir.

- Espere un minuto oficial. ¿Nessie no te acuerdas quien soy? Éramos compañeros en la academia.

Mi esfuerzo por recordarlo era inútil, había tenido más de doscientos compañeros, y de ninguno me acordaba.

Noto mi esfuerzo e intento nuevamente de aclarar mi mente.

- Soy el hijo de Mike Newton y Jessica Stanley.

Termine por reconocerlo e intente aparentar emocionada, con tal de que no deban llamar a mis padres.

- ¡Claro que me acuerdo de ti! ¡Tanto tiempo ha pasado!

- Nunca creí que te encontraría nuevamente robando mi auto.- Nos reímos a unisonó.- Cosas del destino deben ser.

- Supongo que sí.

El oficial nos separo y me metió dentro de la patrulla, mientras que Ignacio se subió a su auto y nos comenzó a seguir.

Dentro de la patrulla, me sentía bien, olía el tapizado de cuero de los asientos y el ruido del motor que hacía un estruendo increíblemente fuerte.

Cuando llegamos entre a la comisaria esperaba a que me interrogue y llamen a mis papás, pero estuve allí por unos minutos sin que haya movimiento alguno.

Comencé a inspeccionar el lugar para distraerme, leyendo consecutivamente los carteles que estaban pegados en la cartelera y mirando por las ventanas sucias como circulaban los autos por una calle estrecha.

De la mano del frente había una pastelería que hacía que llegue a mí, el olor a pan recién horneado, pero no me interesaba.

Solo observaba las miradas que me lanzaba la vendedora, al ver que me había arrestado y estaba tan cerca de ella. Le sonreí, pero al hacerlo me ignoro y atendió a un cliente que acababa de entrar, yo no le di importancia y seguí recorriendo con la mirada cada detalle.

Un cartel en la pared trasera de la estación nombraba a las personas que se buscaban y comencé a leerlos.

Mi vista alcanzaba sin absoluto esfuerzo a ver los carteles, que alguien común solo leería el “SE BUSCA” en una letra ínfimamente pequeña y borrosa.

Me detuve en un cartel que hizo que mi corazón dejara de latir por unos instantes. Intentaba calmarme pero no lo lograba.

Un cartel en letras gigantes decía que me buscaban a mí.

Si algún oficial se daba cuenta del cartel llamarían a la estación de Forks y luego con tan solo rastrearme por mi olor podrían encontrarme Jacob o mis padres.

- Oficial, debo ir al baño. ¿Puede decirme donde queda?

- No parte todavía puedes ir a ninguna hasta que no declaren el robo.

- Pero debo ir al baño, escapar no podre, confíe.- Intente seducirlo, y funcionó.

- Sígueme, te llevare hasta allí.

- Gracias.- Atravesamos toda la comisaria y entramos por unos pasillos hasta que por fin llegamos a una puerta vieja y chica. - ¿Puede irse?, me molestaría si se quedara aquí.

- Eso no lo puedo permitir, la esperare detrás de la puerta.

Resople y asentí, mientras me metía dentro.

El lugar era muy chico que apenas podía entrar, además tenía el inodoro sucio al igual que todo lo que me rodeaba.

Espere unos segundos, hasta que tire de la cadena y el agua corrió. Abrí la canilla, me lave las manos y salí fuera.

- Listo, he terminado.- La frustración de que mi plan no haya funcionado era inmensa, al parecer ese día no estaba la suerte de mi lado.

Debía inventar otra escusa para sacar ese cartel tan traicionero.

- Ho, creo que conozco a uno de ellos, ¿Puedo acercarme a ver los carteles?

- Esta bien… nos ayudarías si conoces a alguien.

Me acerque y comencé a fingir que observaba detenidamente la imagen de el cartel que tenía al lado.

Entro gente a la comisaria y el oficial los atendió, entonces rápidamente saque mi cartel y me lo guarde en el bolsillo.

Cuando se fueron las personas que habían extraviado un bolso me miro interesado.

- ¿Era esa persona que creías?

- Mmmm… No definitivamente no.- Mentí descaradamente.

- Lastima.

De una habitación Ignacio salió alegre.

- Ven vámonos.- me dijo al salir con una sonrisa enorme.

- Debo de quedarme aquí.

- Nada de eso, ya lo he arreglado todo.

- ¿Cómo lo haz hecho?

- Fue una confusión.

- ¡Genial!

El oficial nos miro con mala cara, pero nosotros no le dimos importancia y salimos de allí.

- De veras te lo agradezco, pero debo irme.- debía conseguirme otro auto lo más rápido posible.

- Te hago una oferta, si tú vienes a tomar un café con migo, yo te llevo a donde debes ir. ¿Trato?

Vacile por unos momentos pero finalmente, al reconsiderar esa oferta accedí.

- De acuerdo. ¿A dónde iremos?

- Ya veras.

Caminamos algunas cuadras mientras me comentaba que estaba estudiando ingeniería, en Tacoma y que había ido a hacer unos papeles por allí.

- ¿Hoy debes volver a Tacoma?- Le pregunte, viendo que no debía de hacer un viaje tan largo, de mas.

- Si. ¿Por qué preguntas?

- Debo ir a allí para hacer unos papeles.

- ¡Que bueno!

- Así es.

Cuando llegamos a una esquina, había una cafetería con colores cálidos que me hacían olvidar del frio y acordarme de Jacob.

Entramos al lugar, con adentro colores pasteles, para aclarar el lugar, ya que tenía unas pocas ventanas y en las paredes tenía colgadas patentes de motocicletas, posters de funciones de teatro, entre otras cosas viejas.

Nos sentamos en una mesa, con una ventana que tenía vista a su auto.

Los pocos valientes que habían en las mesas de afuera, para aprovechar el poco sol que había, entraban cuando las servilletas se volaban y sus pelos molestaban en sus caras.

- Ahora cuéntame ¿Qué ha sido de tu vida?

- No mucho, sigo viviendo en Forks, no tengo una orientación que me atraiga para estudiar, todavía.

- Que raro, creía que ya estarías por terminar tu carrera.

- Pues no. Hubo un minuto de silencio incomodo en el cual ninguno de los dos sabía de que hablar.

- ¿Qué vas a pedir?- me pregunto finalmente cuando vio que la camarera se acercaba a nosotros.

No sabía que pedir, nada me agradaba. Finalmente me decidí por algo que no me provocara nauseas.

- Solo un vaso chico con agua, no tengo apetito alguno.

- Buenos días, ¿Que desean pedir?- la camarera que nos había tocado no parecía muy contenta de atendernos.

- Una lagrima mediana y un vaso chico con agua.

Me guiñó el ojo y luego de que la chica tomara nota y se fuera siguió con la conversación.

- ¿No te haz… casado, ni tenido niños? – parecía avergonzado de preguntarlo.

- Con Jacob no nos gustan los compromisos, preferimos estar sin… responsabilidades todavía.

Parecía que la noticia lo había bombardeado, y hasta analizarlo un par de veces contesto.

- ¿Jacob Black? ¿No estabas con el hace años atrás? ¿No es más grande que tú? ¿Cuánto años tiene? ¿treinta, cuarenta?

- Si, es Jacob Black. Solo es un par de años más grande.- con eso estaba colmando mi paciencia, ya recordaba lo molesto que era con sus preguntas respecto a Jacob. - ¿Un par de? El año de la promoción el tenia ya más de 20. No entiendo como tus padres aceptaron esta relación.

- ¿Importa? - Haz lo que quieras, cásate con un anciano.

- Más que yo con tigo – susurre tan despacio que no pudo escucharme. Le molesto que haya hablado de Jacob, y su cara había cambiado a una de mal humor, por lo que intente que su humor cambiara y así que se alegre de llevarme hasta Tacoma.

- ¿Tú, estas casado, de novia… con hijos?- le pregunte animándolo.

- No, prefiero estar sin responsabilidades.

La camarera se acerco a nosotros y nos dio el pedido rápidamente y se fue de nuevo a charlar con sus compañeras de trabajo.

Comencé a tomar de a sorbos el agua, aparentando que me gustaba, aunque tenía que tragarme sorbos grandes y continuos, para no beber mas.

- Nessie, no me gusta pelearme con vos, lo sabes desde la infancia.

- término contestando, y acabando con esta discusión inútil.

- Lo se, a mi tampoco.- termine diciéndome más para mi misma que para él.

- ¿A que debes ir hoy a Tacoma? – Su pregunta me agarro desprevenida.

- Voy a declarar lo de Charly, tramite largo.

- Pero hoy parecía muy urgente lo que debías de hacer.

- Se vence dentro de un par de horas el plazo de tiempo para la herencia.

- Entonces es mejor que vayamos yendo, nos aguarda un largo viaje.

Me sonrió de oreja a oreja, mientras levantaba la mano para que la camarera nos cobre.

Luego de pagar nos levantamos de las sillas, recogí mi bolso y nos fuimos hacia el auto.

En el viaje comenzó a interrogarme sobre, por que pensaba que llegaría a estudiar y como había muerto Charly, y mientras tanto yo iba mintiendo consecutivamente. Cuando final mente llegamos a la gran ciudad saque el papel que había impreso y me fijé la dirección.

Ignacio conocía la ciudad muy bien, por lo que encontrar la dirección no fue muy difícil.

Al estacionarnos delante de la casa, suspire suavemente y me despedí de él. Antes de que habrá la puerta él me agarro del brazo y me detuvo.

- Renesmeé…- comenzó por decir.

- Nessie.- le corregí rápidamente.

- Lo siento. Nessie, hoy me di cuenta de lo tanto que… -vacilo, no le salían las palabras.

- Prosigue.

- Esta bien. Hoy me di cuenta de lo tanto que te amaba. Lo había olvidado lo hermosa que eras.

- Igna, no estoy pasando por un buen momento, lo siento.

- Te entiendo, además no se en que pensaba, tu estas enamorada de Jacob.

Vi como su mano se acercaba a la mía y al notarlo la guarde en mis bolsillos rápidamente.

- Debo irme. No llames a la policía la próxima vez que alguien te roba el auto.- intente en reanimarlo.

- ¿Ni el corazón?- Lo mire mal y luego respondió.- No lo hare.

- Cuídate.

- Tú también.- finalizo contestando con una voz débil.

Me sentía tan culpable por como había actuado en estos últimos días por lo que decidí alegrarlo. Me acerque a el y le di un beso en la boca, y luego de esto me baje rápidamente del auto.

Cerré la puerta detrás de mí y me acerque a la casa.

La bocina de un auto sonó y cuando me volteé vi como se alejaba con una gran sonrisa en la cara.

Una señal

Una Señal

 

La sirena, los gritos y el murmullo de las personas resonaban en mi mente una y otra vez.

No podía pararlos, eran parte de la culpa que me causaba el incidente de hoy en la tarde. Se oían y estaban dispuestos a quedarse hasta que haga algo al respecto.

Caminaba lentamente por la oscura y temible noche, atenta a no desconcentrarme de mis pensamientos, mirando el piso como de a poco la helada iba cayendo sobre él.

No sabía donde encontrar a esos malditos lobos apestosos y por primera vez me sentí desorientada.

Le pedí a alguien, a un ángel o a dios si es tan piadoso y se da cuenta que los vampiros también tienen almas, sueños y sentimientos, de que me den una señal, una forma de seguir adelante.

Viendo las posibilidades que había que suceda algo milagroso, me di cuenta que eran nulas, hasta que vi como un rayo sobrenatural permitió que un objeto dorado a pocos metros de allí brillara dando la ubicación de su escondite.

Me sobresalte al oír el estruendo del rayo y más que nada porque el cielo estaba despejado y no debía de haber una tormenta eléctrica.

Me acerque velozmente cuando me asegure de que no habría más rayos, que eso había sido únicamente la señal que quería, para poder seguir adelante. Comencé a rebuscar entre los pastizales.

El olor a sangre seca comenzó a surgir cuanto más me aproximaba en donde debía de estar ese objeto, esa señal y cuando llegue al causante de ese olor, me tope con un cuerpo sin vida, el mismo que había asesinado yo con mis propias manos.

Las moscas ya estaban allí, dando vueltas y vueltas, parándose y volviendo a volar. Con mi mano comencé a espantarlas a todas hasta que no quedo ninguna.

Sentí un nudo en el estómago cuando lo vi allí, tirado y sin esa vida que tenía pocas horas atrás y empecé a dudar si seguir buscando, pero luego alguna parte de mi interior me insistió de que siga buscando ese único milagro que me habían dado y así lo hice.

Busqué en el cuerpo de mi pobre victima y entonces así encontré un anillo de oro que dentro decía:

“Tú eres la razón de mi existencia, por eso deseo que estemos juntos para toda la vida” Intente de que las lagrimas no se me escaparan y cuando ya tuve el control de no largarme a llorar seguí rebuscando en la chaqueta de cuero que tenía puesta, solo por curiosidad.

Encontré su billetera con algunos billetes nada más, que decidí guardármelos para poder comprarme algo de ropa, ya que la tenía toda sucia, un poco de comida para no volver a cometer equivocaciones y lo demás me lo guardaría por si acaso.

También encontré algunas tarjetas de barbería, tickets de compras, entre otras cosas que no me servirían.

Había unas fotos familiares, las desplegué y fueron cayendo una bajo la otra hasta formar una hilera vertical.

Tenía fotos con sus nietos, sus hijos, su esposa y algunas con amigos.

Detrás de ellas, había una referencia diciendo el nombre de los de la foto, el lugar y el año.

El pobre anciano se llamaba Nicholas Tillen y su esposa Margaret Gruyan.

Tenían una foto de los dos juntos con atrás la torre Eiffel, diciendo:

“Une lune de miel heureuse”*

Y atrás de la foto, Paris 1982, Margaret Gruyan y Nicholas Tillen.

Guarde las fotos, luego buscaría en internet sobre estas dos personas, viendo que podría hacer al respecto para que mi cabeza ya no me torture.

Decidí enterrar el cuerpo, para que así pueda descansar en paz.

Antes de hacerlo le saque su reloj de plata que estaba agarrada a su muñeca y en este momento indicaban las cinco y treinta y cuatro de la mañana.

Pronto saldría el sol y comenzaría un nuevo día, un muy agotador y triste día. Comencé a cavar un pozo profundo y cuando ya lo di por finalizado lo enterré, al igual que los malos recuerdos que me atormentarían el resto de mi vida si no lo hacía.

Seguí mi camino dirigiéndome a los más cercano que había de la civilización y pronto me di cuenta que había llegado a Port Townsend.

De a poco las luces se iban encendiendo y los autos comenzaban a transitar.

Era lunes, y las personas debían olvidar el fin de semana e ir a sus trabajos. Con el tiempo que me había ido ya no sabía en que día vivía, pero mucho no me interesaba ¿Si no tengo rumbo a donde ir, de que me sirve la distinción entre los días, las horas, los minutos? ¿Acaso me llevarían hacia donde deseaba llegar? Únicamente necesitaba saber la distinción entre el día y la noche.

Un mundo sin preocupaciones, sería aquel con el cual no se sufra por el transcurso del tiempo.

Me fui acercando a la ciudad, e iba observando como los locales comenzaban a abrirse. Saque el dinero de mis bolsillos y los conté. Allí tenía 250 dólares, que me alcanzarían más que suficiente.

Me mire una vez mas mis ropas y decidí que debía deshacerme de ellas.

Me senté en la puerta de un local donde vendían ropa de adolescentes, me acomode y espere a que abrieran.

Debí esperar allí por horas, mientras la gente me miraba raramente y hasta algunos intentaban escapar de mí.

Una sola persona, de ropas sencillas se acerco a mí y luego de decirme algunas palabras que no logre comprender me dio algunas monedas.

Intente rechazarlas pero me siguió insistiendo hasta que decidí no darle mas vueltas y me las guarde.

La vendedora al llegar me miro con una cara de desaprobación, abrió rápido por miedo a que le robara y luego de estar detrás del mostrador entré.

Me miro nuevamente con cara de desesperación y yo saque el dinero de mi bolsillo y se lo mostré.

-No se preocupe tengo dinero, me he perdido en el bosque y me he lastimado con algunas ramas, por eso tengo sangre, pero vengo de una familia muy educada y respetuosa, mi abuelo es el medico de Forks.

Me miro de pies a cabeza una vez mas y luego de vacilar me contesto.

- No has robado el dinero ¿O si?

- Para nada, lo tenía de antes de perderme, estaba de camping y caminando me perdí. Quiero unas ropas, así mi madre no entrara en pánico.

Logre convencerla fácilmente y me ayudo a elegir unas ropas baratas y sencillas.

Me las cambie, pero al verme en el espejo vi que aspecto tenía. Con razón todos deseaban huir de mí. Mis pelos estaban alborotados y mi cara llena de barro y tierra. No entendía como podía estar así.

Finalmente la vendedora fue muy amable con migo y me llevo hasta su casa para que pueda darme una ducha, lavar mis ropas y arreglarme.

Su casa quedaba al lado del local, por lo cual podía verificar que no haya ningún cliente que deseara entrar mientras estaba con migo ayudándome a lucir bien. Cuando quede bien arreglada le agradecí a la vendedora y le pague con 20 dólares.

En un bolso que me había regalado llevaba mis ropas viejas, pero ya limpias, algunas pertenencias del viejo, y lo que quedaba del dinero.

Fui al supermercado “Safeway” y compre un poco de carne de pollo, de vaca y de cerdo.

Podía comer otras cosas, pero era mejor que no tenga tanta tentación de sangre. Verifique que este todo listo y decidí ir a dormir un buen rato a un simple hotel, así estaría mucho más cómoda.

Tuve que pedir muchas indicaciones para llegar a un hotel y mientras estaba yendo me encuentro con un cyber que estaba abriendo.

De el bolso saque las imágenes y me decidí a entrar.

Me ubique en una de las muchas computadoras que había y comencé a entrar en páginas de internet, donde se busca los datos de la persona que se desea saber.

Por fin me decidí por una web que no debías pagar extra por la búsqueda. Inserte el nombre de Margaret Gruyan y puse buscar.

Dentro de las muchas personas con nombres similares, pude hallar a la persona indicada.

Actualmente vivía en Tacoma, una de las muchas ciudades del alrededor.

Tenía 83 años y tenía pronosticado cáncer.

Mucho no viviría, pero quise que por lo menos sepa de la muerte de su esposo. Imprimí la página donde indicaban algunos datos personales que me servirían, como la calle y número de la casa.

Le pague al cajero y me marche, decidida de que por primera vez en mi eternidad podría ayudar a alguien quien no era de mi familia.

 

* Une lune de miel Heureuse, en Francés: Feliz luna de miel.

La hora no puede esperar

La hora no puede esperar

 

Oculta entre los árboles, los iba observando a cada uno de sus movimientos. Luchaba para que no se me cerraran los ojos y me quede dormida, de todos modos ellos solo actuarían a la noche y a la mañana siguiente podría descansar.

Antes había leído de ellos en uno de los libro de “Cuentos fantásticos sobre criaturas místicas”.Quien creería que todo los libros que son escritos fueran ciertos, o al menos los de los seres mágicos.

Leí que tenían el olfato muy débil, entonces no podrían olerme desde donde estaba, pero tenían muy buen oído así que mis pasos se oían como el viento al llevarse las hojas.

La luna parecía que les daba las indicaciones hacia donde debían ir.

La miraban atentamente por unos minutos y luego avanzaban sin siquiera saber a donde se dirigían.

El que parecía liderar la manada de lobos era poco más grande que los demás y su pelaje era de color gris oscuro.

Los seis restantes eran similares de pelaje negro con manchas blancas en el cuello, excepto uno solo que era el más llamativo, tenia el pelaje de un verde musgo aproximándose al azul marino.

No despegaba mis ojos de esa maravillosa criatura, tan extraña y hermosa.

Todos avanzaron y yo los imite, pero al hacerlo una rama crujió más de lo normal y todas las miradas se voltearon a ver que sucedía.

Me quede inmóvil, pero ellos avanzaron hacia mi. Yo suavemente retrocedí y me oculte detrás del tronco de un árbol.

Los espiaba prudentemente como miraban para todos lados, pero no encontraban al causante.

Un gruñido feroz se escucho venir desde la copa de los árboles.

Observaba como unos ojos amarillos resaltaban en la noche.

Esforcé mi vista y así pude ver como una pantera negra se adelantaba hacia los hombres lobos.

La pantera salto del árbol predispuesto a lanzarse sobre ellos, pero cuando se dieron cuenta del peligro, el extraordinario lobo de pelaje verde y azul se adelanto y choco contra el dejándolo en el piso.

No me parecían que fueran poco inteligentes y que no tenían posibilidad contra los Vulturi, destrozo a la pantera en pequeñas partes en menos de un segundo. Si hubiera pestañado no hubiera podido presenciar la pelea.

El cadáver del pobre felino yacía en medio de un sendero.

Entre todos fueron empujándolo hasta ocultarlo, para así que nadie se percate de lo sucedido.

Debía enfocarme de que esas bestias eran los asesinos de mi abuelo y que podría poner en peligro si se les cruzaba por la mente, a Billy o a René.

No era nada fácil, cada vez me maravillaban más e iba perdiendo el odio contra ellos, aunque al reconsiderarlo deseaba ir y clavarles mis colmillos.

Siguieron avanzando pero más rápido, no tardaría en amanecer.

La luna se iba ocultando por detrás de la montaña y ellos se lamentaban, probablemente porque hasta pasadas las doce horas no podrían someterse a sus planes.

Se detuvieron y comenzaron aullarle nuevamente a la luna. Los aullidos que emitían me taladraban la cabeza y sentía como una jaqueca iba naciendo desde el fondo de mi ella.

Debía controlarme por no ir y taparles las gigantescas bocas que tenían.

Pararon como si alguien los hubiera silenciado de repente y comenzaron a correr a tal velocidad que me dejaron desconcertada.

Sin perderlos de vista los iba siguiendo pero a paso más lento, para que no me descubran o sospechen de mí, otra vez.

Mis ojos quedaron como platos cuando vi como saltaron de un acantilado, mientras los primeros rayos de sol los iluminaban y ellos de a poco se iban transformando en humanos.

Corrí lo más rápido posible hasta llegar al borde del acantilado. Aterrizaron suavemente en el suelo, así pude distinguir que personas fingían ser. No los pude ver bien y eso me complicaba la búsqueda.

Mi piel al tacto con el sol, como siempre tiraba unos hermosos rayos, como un diamante al sol.

Unos pasos a la lejanía se escuchaban, ya eran los primeros cazadores que tocaban el suelo de la mañana raramente despejada en Forks. Eran los primeros cazadores que estrenaban la temporada de caza.

Lo había olvidado, hoy comenzaba la época de caza y poder saciar mi sed seria mucho mas complicado.

Mire nuevamente a los siete hombre-lobos, pero ya no estaban.

Baje el acantilado con mucha delicadeza y busque un buen lugar para echarme una siesta.

Por fin logre encontrar un árbol que podía protegerme del sol, para que mi piel no destaque desde lo lejos.

Pronto me di cuenta del repentino ataque de sueño que me domino y sin luchar deje que me vencieran mis sueños.

 

 

 

 

- Niña, ¿Qué haces aquí sola? ¿No vez que un animal te puede atacar?

Me desperté poco a poco y borrosamente iba viendo unos rostros.

- ¿Dónde están tus padres? ¿Como te llamas?

Eran dos hombres de pelo canoso. Uno era alto y flacucho con unas ropas desgastadas y viejas, mientras que el otro era enano y gordo, tenía mucha cara de preocupado. Ellos me taladraban la garganta.

- Em.… Soy Renesmeé, Renesmeé Cullen.

– Me aturdían a preguntas y no sabia si mentir o responder con la verdad.

- Mis padres saben que estoy aquí y me dieron permiso de venir y quedarme todo lo que quiera.

- Si respondía que me había escapado de mi casa, de seguro me regresarían y mi plan de seguir a los hombre lobos fracasaría y no hubiera tenido sentido perder toda una noche de sueño.

- Pero es época de caza, alguien te puede confundir y matarte pensando que eres un animal salvaje, yo casi lo hago.

- No se preocupe, mi tío Emmet esta cazando y me tiene bien vigilada, apuesto que me debe estar observando en este mismo momento.

- Al parecer eran turistas, nadie que viva en Forks no sabe quienes son los Cullen y eso me ahorraba un montón de explicaciones de cómo el medico de la ciudad dejaba a su nieta en época de caza. Siempre ha habido accidentes.

- Os recomendáis que no andéis durmiendo, si tu tío os descuida y un oso viene y te ataca tranquilamente podréis estar en el cielo por desprevenida.

- No se preocupe, todos los años vengo aquí me encanta disfrutar del aire libre y más cuando esta hermoso el día como hoy.

- Luego no vengas con plegarias.

- No lo hare. Buenas Tardes.

El más alto me ignoro y siguió su camino como si nada haya ocurrido.

- Para la próxima ni me preocupo. Uno se toma la molestia de venir hasta aquí y para que. Ni le agradecen.

Su compañero hablo por primera vez contestándome con un “Buenas Tardes” y se fue detrás de su compañero asintiendo a todo lo que decía.

Cuando me desperece del todo me di cuenta que había perdido la noción del tiempo, no sabía que hora era.

Fui detrás de los ancianos para preguntarles la hora. Trate de parecer lo más humana que pudiera para que no sospecharan de mí.

- ¡Señor! Una pregunta ¿usted tiene hora?

- ¡Shhh! Escucha hay un animal cerca. Comencé a impacientarme. Un olor dulce me llegaba y eso me estaba matando.

- Por favor señor, la necesito urgente.- susurre lo mas bajo que pude.

- ¡Si no tienes tiempo porque no se lo pides a tu tío!

- Porque… no tiene.

- Pues entonces espera, estoy a mitad de una caza.

- Señor por favo…

Un disparo se hoyo y todo se descontrolo en medio segundo. Mire con un gran reflejo y vi como un oso pardo caía sin vida.

El olor me llego demasiado rápido, rara vez sucedía. Trate de taparme la boca y no oler, pero mi sed fue en contra a mi voluntad y me descontrole.

Me lance tras el oso y comencé a beber de su sangre. Los ancianos me miraban con los ojos redondos como platos.

Les gruñí y ellos aunque el miedo los inmovilizaba luego de unos segundos lograron reaccionar y salieron corriendo.

Sentí que la sangre iba perdiendo el sabor y por primera vez fui tras ellos. Me puse delante de ellos y únicamente pudieron gritar y pedir auxilio.

El más grande parecía mas tranquilo ante la situación, aunque el miedo se le notaba y al sentir su indiferencia a la muerte el cuerpo se me llenó por primera vez de adrenalina.

Lo empujé contra un árbol y su cara cambio al pánico. Se golpeó contra un árbol que había detrás de el y comenzó a dejar de dar señales de vida.

Un olor irresistible comenzó a inundar la habitación y antes de seguir saboreando el olor me precipité sobre él.

Le clave mis colmillos en su cuello y comencé a succionarle la sangre.

Su compañero comenzó a correr tan veloz cuanto se le hacia posible.

Seguí saboreando esa exquisita sangre con gusto dulce pero olor agrio, sin poder controlarme.

Cuando ya su sangre se agoto decidí enterrarlo para que nadie sospeche nada.

Al hacerlo me acorde de su compañero, que podría delatarme.

Comencé a seguir su rastro y cuando logre encontrarlo estaba dentro de su camioneta, llegando a la ruta de acceso para entrar en la autopista.

En mi interior lamentaba todo lo que estaba provocando, pero no había forma de poder hacerlo de otra manera.

Cuando me acerque al auto, me mantuve a su lado y cuando comenzó a doblar lo empuje e hice q se fuera contra la banquina.

El auto se descontrolo y fue a perder totalmente el control.

Cuando se detuvo del todo, se comenzó a incendiar de a poco, hasta que estallo y el pobre hombre falleció.

Así fui viendo como todos los autos frenaban y bajaban a ver que había sucedido, personas gritando y llamando a los bomberos y policías estaban alteradas e histéricas.

Si me saldrían las lagrimas lloraría, pero mi tristeza no se puede transmitir.

Aunque ahora me sentía más fuerte que nunca, lamentaba su muerte.

El sol se escondía tras la montaña, eso indicaba que debía regresar a mis cosas, y encontrar a esos asquerosos lobos.

Camine lentamente hacia donde se habían ido.

No deseo que las personas que amo mueran, entonces ¿Por qué debo ser yo la asesina de otras familias?

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